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martes, 9 de agosto de 2011

Lush Cupcake Mascarilla fresca

Cupcake, una mascarilla facial de chocolate

Cuando entramos en la pubertad nos decían que no comiésemos chocolate porque nos saldrían granos. Craso error: en aquella época yo apenas lo probaba y tenía la cara como una paella. La conexión entre el chocolate y el acné no deja de ser otra de esas leyendas urbanas sin mucho fundamento pues, como me he hartado de repetir, este problema de la piel está causado por diversos factores e incluso la persona con una alimentación más sana puede llegar a padecerlo. No obstante, esta vez la relación entre ambos no es de causa-efecto, sino justo al revés: Lush nos ofrece una máscara facial de chocolate para combatir el acné. Quién lo habría dicho hace unos años, ¿eh?

La mascarilla Cupcake se presenta en el típico tarrito negro minimalista de Lush. Cada unidad contiene 75 g (que cunden mucho) y su precio es de 8,75 € (algo caro para mi economía, aunque va en sintonía con otros productos similares). Todo esto sería fantástico si no fuera porque la máscara caduca en aproximadamente tres semanas y hay que darse prisa para gastarla. Yo suelo aplicarme la mascarilla de turno una vez por semana o cada quince días, pero con esta tengo que hacerlo con una frecuencia mayor para que no se estropee. Esta me parece su gran desventaja: preferiría que se vendiera en envases más pequeños y tuviera un coste menor.

Por otro lado, el aspecto de Cupcake no podría ser más apetitoso: color marrón chocolate, textura de mousse cremosa… ¡Y además se conserva en la nevera! Como podéis suponer, aplicarla es un gustazo, sobre todo en esta época en la que lo fresquito nos viene tan bien. El aroma también cumple las expectativas: huele a chocolate puro, ¡dan ganas de coger la cuchara y comérsela! Además, es apta para veganos. Siempre he dicho que Lush tiene productos muy golosos, y esta mascarilla es un ejemplo estupendo de ello.

Con respecto a su composición, lleva barro Rhassoul, que limpia en profundidad y además tiene propiedades bactericidas y antisépticas; aceite esencial de menta y hierbabuena, para refrescar y estimular la piel; infusión de linaza y aceite de sándalo para suavizarla, y por supuesto manteca de cacao, que aunque parezca una contradicción por ser un ingrediente graso, según nos dicen va bien para tratar el acné. Así pues, se trata de una máscara indicada para pieles grasas con tendencia acneica.

Aplicación

Cupcake se aplica como cualquier otra mascarilla facial: la extendemos por el rostro (hay que evitar las zonas de los contornos de ojos y labios) dando un suave masaje y la dejamos puesta unos 20 minutos, hasta que se seque. También se puede aplicar en el cuello, el escote y la espalda, sobre todo si en estas partes también tenéis granitos (por una vez no pasa nada si gastamos demasiado, porque para lo que va a durar…). A continuación, la aclaramos con agua abundante y nos ponemos el tónico y/o la crema hidratante que usemos habitualmente. Toda una experiencia spa en casa, con el poder olfativo del chocolate. ¡Recordad que al terminar debéis guardar el tarro en la nevera!


Resultados

Ante todo, reconozco que esta mascarilla gana puntos en mi ranking de cosméticos preferidos por sus características externas. No lo puedo remediar, me encanta el chocolate y esa textura de mousse fresquita es una verdadera delicia para la piel. Se unta con mucha facilidad, y una vez aplicada el olor se sigue notando (incluso se pega a la ropa y a los objetos que tengamos cerca). Eso sí, es un poco guarra, al llevar barro es de las que lo ensucian todo y al terminar tendremos que limpiar bien el lavabo. Aun así, las maravillosas sensaciones que produce esta máscara compensan todas las desventajas que pueda tener, incluso las relativas a su efectividad.

Después de aclarar la Cupcake, noto los mismos resultados que con cualquier mascarilla efectiva (La Máscara de Lush, las de Rilanja de Schlecker…), esto es, zona T sin brillos, poros más limpios, piel resplandeciente, suave y tersa («resplandeciente» en este caso no es sinónimo de grasa). Da muy buen aspecto, de eso no hay duda. Al secarse quizá no se adhiere tanto a la piel como las máscaras de arcilla, pero aun así la deja mate y perfectamente limpia. También merece una mención su poder revitalizante, en gran medida gracias a su conservación en frío.

El problema viene al día siguiente. Yo suelo aplicarme las mascarillas por la noche, un rato antes de acostarme y, aunque soy consciente de que sus efectos no durarán eternamente, sí que espero que por la mañana mi piel se vea igual de bien. En gran medida es así: la suavidad y la luminosidad se mantienen hasta veinticuatro horas después, pero no sucede lo mismo con los puntos negros, que enseguida vuelven a estar como antes (incluso cuando he utilizado la mascarilla junto a un exfoliante). De todos modos, eso no es lo peor: he notado que después de usarla me salen algunos granitos. No aparecen de inmediato, así que no creo que sean consecuencia de la máscara ni una reacción alérgica, pero los considero una prueba de que no es lo suficientemente efectiva para el acné.

En definitiva, tengo sensaciones encontradas con esta máscara. Por un lado, me fascina su olor a chocolate, es una de las más agradables de aplicar que he encontrado y de veras me veo más atractiva después de usarla, gracias al buen aspecto que da. Sin embargo, siendo realista veo que no es la mejor opción para quienes tenemos problemas de granitos, ya que a la mañana siguiente me volvió a salir alguno y creo que su poder bactericida debería aguantar por lo menos un día. Además, hay máscaras no específicas para piel grasa que me aportan lo mismo que esta.

¿La recomiendo o no? En general, sí, porque a pesar de sus indicaciones creo que la puede usar cualquiera (salvo que tengáis la piel muy seca, claro). Eso sí, si tenéis acné, yo no me haría ilusiones. El jabón Farmacia de Guardia y la crema Vanishing Cream por sí solos me ayudan más que esta mascarilla Cupcake, en ese sentido no me ha aportado gran cosa. De todas formas, he disfrutado mucho de su textura y su chocolaaaate, por lo que no tengo una mala opinión de ella y no me importaría repetir en el futuro. No será mi remedio contra los granos, pero es perfecta para aplicar antes de una noche de fiesta.

martes, 22 de febrero de 2011

Lush Chocolate Whipstick Bálsamo de labios

Bálsamo Chocolate Whipstick

Al igual que todos los labiales de Lush, el Chocolate Whipstick se presenta en una pequeña lata plateada muy sencilla. Se abre con facilidad (no pude decir lo mismo del bálsamo Honey Trap) y solo se diferencia de las otras de la línea por la etiqueta que lleva su nombre. Cada lata contiene 10 gramos de producto y su precio es de 7,95€, un poco caro para un producto de este tipo pero os aseguro que su calidad lo compensa con creces. Además, con poca cantidad tenemos suficiente para cada aplicación, así que cada unidad cunde bastante.

El bálsamo es de color marrón chocolate y lo primero que llama la atención al abrirlo es su exquisito aroma: huele a chocolate puro con un ligero matiz de naranja (para chocolate negro 100% tenéis el bálsamo Double Choc, también de Lush). Personalmente, adoro el chocolate, de modo que una fragancia como esta me parece irresistible: un aroma dulce, goloso y delicioso. Está logradísimo, ¡dan ganas de comérselo! A propósito de esto último, aunque el bálsamo huele muy bien, no sabe a absolutamente nada. No puedo compararlo con otros bálsamos de aromas parecidos porque el único cacao de chocolate que había usado previamente (de una marca poco conocida) también estaba muy conseguido, así que he tenido suerte con ambos.

Hablemos ahora de su textura. Los bálsamos en latita tienen una particularidad: recién estrenados, la capa superior de bálsamo está un poco dura y puede parecer que cuesta más coger el producto para aplicarlo en los labios (me ha ocurrido con todos los cacaos de Lush que he usado hasta el momento). No obstante, en cuanto gastamos esa fina capa encontramos una textura cremosa, más ligera que la de las vaselinas Gal (por hacer una comparación), y en efecto con muy poquita cantidad es suficiente para cubrir los labios. La textura me recuerda a unos bálsamos de Isdin que usé hace años, aunque los de Lush les dan mil vueltas en resultados.

En su composición destacan el chocolate, el aceite de almendras y la miel, entre otros. Todos estos ingredientes se caracterizan por sus propiedades hidratantes y calmantes, además de las sensaciones olfativas que produce el primero. De nuevo os recuerdo que los productos de Lush no testan en animales y tampoco compran los ingredientes en empresas que experimenten con ellos. Desde luego, no se puede negar que están muy concienciados con los derechos de los animales y a la vez cuidan la composición de sus productos al máximo.

Impresiones

Si los bálsamos en general me pierden, con los de Lush directamente es que no quepo en mí de alegría. Además de un aroma logrado y exquisito, el bálsamo Chocolate Whipstick hidrata los labios en profundidad y los mantiene suaves con el paso de las horas. No tiene nada que envidiar a mi reparador labial favorito (ChapSan, un gel que se vende en farmacias); es más, en cuestiones olfativas lo supera. Hay que decir que el bálsamo protege y repara, es decir, un multiusos que os va a valer tanto para prevenir la sequedad como para devolver la hidratación a vuestros labios cuando sea necesario. Lo bueno es que sus efectos se observan enseguida: basta una aplicación sobre los labios resecos para notar un alivio y una suavidad casi inmediatos. De verdad que es una maravilla.

Con respecto a su duración sobre los labios, diría que se mantiene durante una hora, aunque obviamente si bebemos o comemos se va antes (los milagros a Lourdes). Su textura no es grasa y se absorbe bastante bien. Por otro lado, siempre es recomendable ser constante en la aplicación de este tipo de productos, pero con este en particular no me hace falta aplicármelo constantemente como ocurre con la mayoría de protectores en barra (mucho más sencillos en general), ya que la suavidad que aporta a los labios se mantiene y no hace falta insistir tanto para prevenir la sequedad.

Quiero recalcar que, pese a ser de color marrón, apenas deja color en los labios y estos se ven de un tono natural, por lo que podemos ponernos una barra de labios encima y también lo pueden usar hombres. Me parece importante hablar de este punto porque al pertenecer a una cadena de cosmética tal vez se podría pensar que es un producto exclusivo para chicas, pero ya veis que no es el caso. Lush tiene algunos tintes labiales que sí dejan color y se presentan en un formato de latita idéntico a este, pero tanto el Chocolate Whipstick como el Honey Trap son simplemente bálsamos, así que no os tenéis que preocupar.

En general, mi opinión sobre los dos bálsamos de Lush que he comentado por aquí es idéntica: un producto altamente hidratante y nutritivo, con un aroma dulce y delicioso, que cunde muchísimo y se aplica con facilidad gracias a su textura cremosa. Con el Chocolate Whipstick he podido comprobar que el Honey Trap no era la excepción, así que ya lo sabéis: si queréis un bálsamo de labios bueno, buscad en Lush (y de paso os llevaréis uno con un aroma estupendo). Repetiré seguro, con el Chocolate Whipstick y con otras variedades. Estoy encantadísima con estos bálsamos.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Lush Honey Trap Bálsamo de labios


Desde pequeña tengo tendencia a tener los labios muy secos, tanto en invierno como en verano, y esto me obliga a tener siempre a mano un buen cacao o protector labial. He probado muchos y de diversos formatos: el típico cacao en barra, las vaselinas en lata, geles reparadores en tubo, de diferentes sabores, de farmacia, de perfumería, etc. Lógicamente tengo mis favoritos, encabezados por mi querido ChapSan, un protector-reparador labial con textura tipo gel que se vende en farmacias y parafarmacias. Aun así, no puedo resistir la tentación de seguir probando labiales: además de algo necesario para cuidar mis labios, se ha convertido en una afición para mí y los bálsamos labiales son uno de mis productos cosméticos favoritos.

En mi opinión del jabón Farmacia de Guardia os conté que mi último descubrimiento referente a cosmética ha sido Lush. Empecé comprando un producto que me hacía falta para combatir el acné, pero la cosa ha ido más allá y puedo decir que Lush me está conquistando con su filosofía y sus aromas exquisitos. Los bálsamos labiales me llamaron mucho la atención pese a no haber leído ninguna opinión de los mismos, y decidí comprar dos: el Chocolate Whipstick y el Honey Trap del que os hablo a continuación.

Presentación

La presentación del bálsamo es muy sencilla: una pequeña lata metalizada con una etiqueta de color rosa en la parte superior. Al contrario de lo que parece, la tapa se abre desenroscándola, y aquí viene mi primera queja: mi lata estaba tan bien cerrada que he tenido que forzarla (con las consecuentes abolladuras) para poder usar el bálsamo. Con la lata del Chocolate Whipstick no me ha ocurrido y son iguales, así que imagino que el defecto lo tenía la de Honey Trap. Si los señores de Lush me leen les pediría que no se pasen apretando las tapas de estas latas.

Contiene 10 gramos de bálsamo, bastante menos que las vaselinas Gal (por compararlo con otro labial que se presenta en lata). Aun así, calculo que me va a durar varios meses porque con muy poquita cantidad es suficiente para que los labios queden hidratados. Por cierto, en la lata se indica que lo hicieron el 13 de mayo de este año y que caduca el 13 de julio de 2011. Me parece un detalle curioso porque rara vez los labiales llevan fecha de caducidad. Como mucho llevan el icono para indicar que caduca 12 ó 24 meses después de abrirlo, pero la fecha concreta nunca la había visto.

Su precio es de 7,95 euros, que a mí me parece elevado porque hay multitud de bálsamos labiales en el mercado y la mayoría son más baratos que este. De todas formas, tampoco me parece un precio prohibitivo y, dado lo que cunde después, vale la pena hacer la inversión. Sin olvidarnos de la calidad, que muchos de los cacaos baratos sólo cumplen la función de proteger y a la hora de reparar no hacen nada.

¿Honey Trap?

Creo que no cabe ninguna duda de la originalidad de los nombres de los productos de Lush. Ninguno de ellos está escogido al azar y se alejan de lo típico de “bálsamo de … con extracto de …”. En cierto modo, Lush compensa las presentaciones sencillas con ingenio y picardía, dándole un toque especial a cada producto para que éste se convierta en único y exclusivo. Está claro que lo más importante es la calidad, pero estos detalles y la filosofía de la marca también hacen que mi opinión sobre ella mejore.

Hablemos del nombre de este bálsamo, Honey Trap. “Honey” es miel en inglés, y “trap” significa trampa o tender una trampa en caso de que se utilice como verbo. ¿La trampa de la miel? En Lush nos explican su verdadero significado: al parecer, en el mundo del espionaje internacional una ‘honey trap’ era una mujer enviada a sonsacar a un espía utilizando sus armas de mujer. Lush adapta esta idea para el bálsamo y lo vende diciendo que con él nuestros labios estarán suaves y sensuales, capaces de seducir a cualquier hombre. Yo suelo ignorar este tipo de publicidad, pero me parece curiosa la historia que hay detrás del nombre del bálsamo.

Aroma y composición

Sólo puedo calificar el aroma de este bálsamo con una palabra: delicioso. Huele a chocolate blanco con unas notas de miel, es una fragancia dulzona que os encantará si os gustan los aromas que recuerdan a postres golosos. El chocolate me encanta, y por suerte cada vez hay más productos cosméticos que imitan su olor. De chocolate blanco todavía no había probado ninguno, y la verdad es que me picaba la curiosidad porque este tipo de chocolate me gusta incluso más que el negro y el que lleva leche. En cambio, el olor a miel no me entusiasma y cuando es demasiado fuerte incluso me resulta molesto, pero aquí esta nota se aprecia de forma suave y para nada me parece desagradable. Cuando abrí la lata por primera vez noté el aroma a miel, pero una vez te acostumbras pesa más el de chocolate. En definitiva, que el olor está muy logrado y la combinación de aromas resulta exquisita.

Por cierto, en la página de Lush dicen que el bálsamo “sabe” a chocolate blanco, miel y naranjas, pero realmente yo no noto que sepa a nada. Supongo que se referirán al aroma, aunque la parte de las naranjas no soy capaz de apreciarla.

Entre los componentes principales del bálsamo, destacan el germen de trigo, con alto poder nutritivo; la infusión de avena, con propiedades calmantes; el aceite de almendras, conocido por sus propiedades hidratantes y nutritivas; la miel, que calma y regenera la piel (los labios en este caso); naranja, que contiene vitamina C, y por supuesto chocolate blanco, que regenera y nutre la piel. Me hace gracia que al leer los ingredientes casi todos son conocidos, no suenan a chino como ocurre con otros productos. Supongo que esto en parte se debe al intento de Lush por hacer productos lo más naturales posibles. Ah, y por si no había quedado claro ningún ingrediente ha sido testado en animales. En Lush están muy concienciados al respecto.

Impresiones: Un bálsamo estupendo

Cuando por fin conseguí abrir la latita, me encontré con un bálsamo que en apariencia no es lo que se dice atractivo, pues es de un color beige-amarillento que al lado de los veinte mil colores que pueden tener los bálsamos hoy en día parece bastante soso. Pero no olvidemos que Lush cuida la composición de los productos en detrimento de su aspecto, y en parte es preferible que su producto tenga este color y sea más natural que otros. Además, tiene una ventaja: no deja ningún color en los labios, tampoco brillo, por lo que pueden usarlo hombres y mujeres, en cualquier parte. No sé vosotros, pero no soporto aquellos labiales que te dejan los labios blancos, y tampoco me hace mucha gracia que te los pongan más rojos o del color de la barrita en cuestión. Generalmente los bálsamos que dejan color blanco sólo los uso en casa, y eso es un inconveniente para mí porque vaya donde vaya me gusta llevar un labial protector en el bolso.

La textura del bálsamo es más dura que la de las típicas vaselinas Gal, y no he notado que se derrita a pesar del calor. Al principio puede parecer un problema porque cuesta más coger labial, pero enseguida me di cuenta de que con muy poquita cantidad en cada aplicación es suficiente para observar resultados, así que no pasa nada. Por otra parte, la sensación que deja en los labios es ligera. Notas que lo llevas puesto, pero de una forma más suave que las vaselinas y otros protectores.

Los resultados me han sorprendido para bien. Con unas pocas aplicaciones deja los labios perfectamente hidratados, muy suaves, y se mantienen así con el paso de las horas. Tengo que reconocer que llevaba un tiempo usando unos protectores que no son gran cosa, por lo que cuando empecé a usar el Honey Trap mis labios estaban resecos y con algunos cortes. El bálsamo me ha solucionado todos esos problemas muy rápido, estoy contentísima. Hacía mucho tiempo que no descubría un labial que hidratara y nutriera tanto. Hay muchos que cumplen la función de proteger, pero encontrar uno que repare a fondo ya es otra historia.

Otro aspecto que me ha sorprendido gratamente es su duración. Puede aguantar tranquilamente una hora (me refiero al tiempo que notas el bálsamo en tus labios), algo poco habitual en los labiales de textura ligera. Si bebes una vez, el bálsamo sigue ahí, aunque en menor cantidad, como es lógico. Nada que ver con los bálsamos en barrita que usé justo antes de empezar este: me los tenía que ir pasando con más frecuencia y aun así no me hidrataban ni la mitad que el Honey Trap.

Por todo esto, considero que este bálsamo es uno de los mejores que he probado, y os lo dice una persona que ha probado muchísimos. Hacía mucho tiempo que no notaba los labios tan suaves, y sólo hace unos días que empecé a usar el Honey Trap. Es realmente hidratante, a la altura de mi amado ChapSan. En fin, mi primer contacto con los bálsamos de Lush no ha podido ser mejor, y a pesar del precio creo que si tenéis tendencia a tener los labios secos vale la pena gastarse los casi ocho euros que cuesta. Y todo esto sin mencionar las sensaciones olfativas que produce el olor a chocolate…

viernes, 23 de abril de 2010

Instituto Español Gel Hidratante de Chocolate


Presentación

Contiene 750 ml. Me parece una buena cantidad, sobre todo para mí, que estoy acostumbrada a los geles de 500 ml y para colmo he tenido que gastarlo yo sola porque en mi casa no son muy amantes del chocolate en los productos cosméticos. No recuerdo su precio exacto porque hace tiempo que lo compré, pero creo que rondaba los 3 euros. En comparación con Deliplus y otras marcas blancas puede parecer caro, pero si tenemos en cuenta que tiene un olor más especial que los geles normales de supermercado creo que la diferencia de precio se entiende. Me ha durado meses, así que lo he amortizado bien.

El problema viene a la hora de comprarlo. No es un gel que se encuentre en cualquier parte, pero tampoco es imposible conseguirlo. En los supermercados tipo Mercadona o Condis, por ejemplo, no lo he visto nunca. Lo compré en Carrefour, así que supongo que sólo se vende en grandes superficies. Puede que también esté disponible en perfumerías, pero no os lo puedo asegurar.

Un detalle que se me olvidaba: el gel no está testado en animales, lo indican en la etiqueta. Reconozco que no suelo mirar mucho estas cosas, pero sé que algunas lo tenéis muy en cuenta, así que ahí lo dejo.


Mmm… ¡Chocolate!

Lo confieso: soy una persona golosa y una gran amante del chocolate. Me encanta en todas sus variedades (negro, con leche, blanco…) y siempre que me doy un capricho en forma de bollería procuro que tenga un poco de este maravilloso ingrediente. No es bueno abusar de él, pero si se toma en pequeñas cantidades incluso puede resultar beneficioso para el organismo. Yo soy incapaz de renunciar al placer que produce saborear lentamente una onza de chocolate, dejándome embriagar por su dulzor.

Como me gusta tanto el chocolate, es de suponer que también me gustan los productos que tienen este aroma. La industria cosmética ha evolucionado mucho, y a día de hoy no es difícil encontrar geles y cremas con olor a chocolate, vainilla, etc. (aunque eso sí, hay que ir un poco más allá de los geles de supermercado para encontrarlos). Pero eso sí, dentro de todos los geles con aromas golosos, hay unos más logrados que otros.

Ahora mismo recuerdo tres productos que he usado y que huelen a chocolate o cacao, cuatro con el gel que os comento ahora. El primero fue un gel de ducha al cacao de Yves Rocher. Me gustó mucho, tanto por su aroma como por su suavidad en la piel, pero su olor me hacía pensar en las semillas a partir de las cuales se elabora el cacao en polvo que todos conocemos, no en un chocolate puro. El segundo producto es el gel de ducha de chocolate y guinda de Bottega Verde, que estaba bien pero la parte del chocolate quedaba un poco eclipsada por la guinda. El tercero es la crema al chocolate de Bottega Verde que muchas conocéis, que huele de vicio pero tiene un aroma menos intenso que el gel de Instituto Español.

Este gel supera con creces todos los productos de chocolate que había usado hasta ahora. Tiene un aroma absolutamente delicioso, el más logrado de todos los que he probado. Huele a chocolate puro, nada de mezclas con otros ingredientes. Al destaparlo me entran unas ganas terribles de tomármelo, y el hecho de que sea de color chocolate también contribuye a ello. Me recuerda a una mousse de chocolate, con su textura espesa y un aroma exquisito e irresistible. Si tenéis niños en casa, no pongáis el gel a su alcance porque podrían probarlo. Tanto su apariencia como su aroma son de chocolate puro. Yo estoy encantadísima con él.

Además de proporcionar un aroma tan agradable, el chocolate se caracteriza por otras cualidades beneficiosas para nuestra piel. Tiene propiedades antioxidantes, reafirmantes e hidratantes, con lo que consigue retrasar el envejecimiento prematuro de la piel y la deja suave, tersa y elástica. Vamos, que además de ser un placer para nuestros sentidos, cuida la piel. Una auténtica joya.


Textura

El aroma es el principal atractivo de este gel, pero su textura no se queda atrás. Reconozco que no tengo preferencias en este ámbito, me da igual que los geles sean gelatinosos o más bien líquidos. Sin embargo, la textura de este me ha enamorado de verdad.

El gel de chocolate de Instituto Español es de aquellos geles más fluidos que se desparraman en las manos o la esponja, pero la palabra que mejor lo define es espeso o cremoso. Ya lo he dicho antes: me recuerda a una mousse de chocolate de las que se toman con taza y cuchara (lo aclaro para que no se confunda con los pasteles fríos que también se llaman así). Resulta muy agradable aplicar este gel, es muy suave y al aplicarlo ya notamos que cuida la piel. Tiene una de las mejores texturas que recuerdo.


Resultados: limpieza e hidratación

Con tantos puntos positivos del aroma y la textura parece que he olvidado lo que realmente importa de un gel: que deje la piel limpia. No es difícil perderse a la hora de hablar de un gel tan especial, con un olor tan exquisito, pero aun así tengo que decir que cumple al cien por cien con su función. Deja la piel muy limpia, elimina toda la suciedad sin dificultad y proporciona una sensación de limpieza muy agradable. Además, es un gel muy espumoso y con poquita cantidad es suficiente para cada ducha. Así es comprensible que el bote de 750 ml me haya durado tanto tiempo.

Vayamos ahora con la otra palabra que da nombre al gel junto a mi querido chocolate: la hidratación. El resultado es que realmente cuida la piel, la mantiene suave al tacto y no produce sensación de tirantez. Hay geles de ducha que se limitan a no dejar la piel tirante sin llegar tampoco a hidratarla, pero este sí que la hidrata. En verano me da mucha pereza usar una crema corporal después de ducharme, y con este gel podía permitirme prescindir de ella con tranquilidad. Después de varias duchas sin usar la crema, mi piel seguía estando suave.

Hablando del verano, en esa época del año me suele gustar usar geles de ducha con aromas frescos y/o cítricos y dejo de lado los que tienen olores dulzones. Este gel de chocolate es una maravilla, pero hay que reconocer que no es ni fresco ni cítrico, de modo que en principio no concordaba demasiado con mis preferencias de la época estival. Sin embargo, me llevé una sorpresa al usarlo y comprobar que aunque no sea un gel fresco la sensación agradable que produce lo compensa con creces. No sólo no me agobió, sino que se convirtió en el gel que más usé el verano pasado (siempre gasto dos o tres botes a la vez), por delante de algunos con aromas frescos y afrutados. Lo dicho: es un producto estupendo en todos los aspectos.

Su aroma a chocolate es exquisito pero, como es de suponer, en la piel pierde mucha intensidad (aunque se sigue notando). De todas formas, no lo veo una desventaja porque ocurre con todos los geles. Para que nuestra piel huela a algo específico, lo mejor es aplicar una crema corporal con el aroma que nos guste, o directamente un perfume. El aroma del gel es para disfrutarlo en la ducha.

El chocolate es un gran afrodisíaco. Dentro de este gel se convierte en un verdadero placer para los sentidos. Normalmente me conformo con geles de ducha más sencillos, pero con este he descubierto el mundo de las sensaciones aromáticas mientras me ducho. Y digo que lo he descubierto porque el aroma de este gel supera con creces todos los que había probado anteriormente. Proporciona una sensación de bienestar y, al terminar, no puedo dejar de olerme la piel para sentir las últimas notas de su dulce fragancia.

En definitiva, no puedo decir una sola palabra negativa de este producto. Me parece un gel maravilloso, tanto por su aroma como por su textura cremosa y lo eficaz que es en la limpieza e hidratación de la piel. Cumple las promesas de su envase, cuida la piel y proporciona la máxima sensación de bienestar gracias al cacao que contiene. El envase me ha durado mucho tiempo, pero dentro de algunos meses tengo previsto repetir y volver a adquirirlo. Es un gel del que no me canso.
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